27 feb. 2019

Los hombres que no mataban a las mujeres

  He estado pensando en si había alguna manera de calcular las personas con quienes he tenido algún trato más o menos cercano durante mi vida. Compañeros de colegio, de trabajo, amigos del barrio, maestros, tíos, primos... Y también me preguntaba si se podía calcular algún aproximado de cuántas de ellas son hombres. No puedo calcularlos, pero han sido muchos, algunos miles, por lo menos.
He conocido hombres mentirosos, manipuladores, ladrones, borrachos, adictos al juego, adictos a la cocaína, adictos al sexo; he conocido hombres cegados por la rabia, por el odio, por el desamor; he conocido hombres traicioneros, cobardes, patéticos; tontos, poco razonables, violentos, misóginos; incluso conocí hombres que habían asesinado a otros hombres.
Sin embargo, de todos ellos, jamás me encontré con uno que hubiese matado a una mujer.
Querido Diario, no. Los hombres no matan a las mujeres. Hay hombres que matan mujeres. Como hay hombres que matan hombres. Como hay mujeres que matan hombres. Como hay mujeres que matan mujeres. Sí, el sexo masculino tiende más a la violencia, responde más a los instintos básicos de esa especie animal que somos. Los hombres son menos inteligentes, razonan menos, son diferentes, a peor seguramente, que las mujeres, Pero, los hombres no matan a las mujeres. Hay hombres que descargan sus frustraciones de la peor manera. Hay hombres que van más allá de la cobardía. Hay hombres enfermos. Hay instituciones carcomidas por el buenismo. Hay leyes de mierda. Hay gente que vive en un mundo de rosas, donde la gente sonríe y te tiende la mano. Hay gente que cree que la cárcel es una escuela y no un castigo. Hay gente que dice "pero es un ser humano y tienes derechos...". Hay gente que llora cuando no hay remedio.
Las generalizaciones les van muy bien a los razonamientos simples, aúpan eslóganes, alientan causas, pero son irreales. Los curas no son pedófilos. La enfermeras no son putas. Los colombianos no son narcotraficantes. Los rusos no son alcohólicos. Los brasileños no juegan bien al fútbol. Los hombres no matan a las mujeres.
Y aunque lo sigan repitiendo, no es verdad.



18 feb. 2019

Leer está sobrevalorado, baby

Hace algún tiempo, conversando con mi amigo H, estuvimos de acuerdo en que, si hubiésemos dedicado para hacer negocios de cualquier índole (como me bienaconsejaba mi padre) apenas la mitad del tiempo y las energías utilizados para leer, nos habría ido mejor en la vida.
Leer está sobrevalorado. Basta con mirar las citas sobre lo bueno que es leer y lo bueno que son los libros.
Encontré una de Gorky: "todo lo que hay de bueno en mí, se lo debo a los libros". Es una frase que se cita con frecuencia. Incluso he encontrado a un profesor de literatura que pretende que sus alumnos lo interioricen como una máxima vital. Sin embargo, es una frase de mierda. Aunque sea de Gorky (quien, ya que tocamos el tema, llevó una vida casi miserable). Imagino a su padre dándole collejas y diciéndole, ¿ah, sí? ¿quieres decir todo, todo, todo lo bueno? ¿ni una pizca se lo deberías agradecer a tu familia, tus amigos, a lo que te enseñó tu abuela? ¿no había nada bueno en nosotros, ingrato de los cojones?
Una de Somerset Maugham: “Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida”. Nope. Leer no nos protege de las miserias de la vida, no nos protege del desamor, ni de la avaricia, ni de la pérdida de un ser querido, ni de un ataque terrorista, ni de la persecución del prestamista, ni de la impotencia de no poder dar de comer a tus hijos, ni de la traición, ni del suicidio (mas bien incite, en algún caso), ni de la soledad… Creo que no hace falta seguir.  La lectura proporciona un "refugio", sí, pero más como escape de la realidad, como procrastinación de aquellas cosas importantes, de esas en las que nos jugamos la vida.
“Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él” (Nicolás de Avellaneda). / “El libro es fuerza, es valor, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor" (Rubén Darío). / “Leemos para saber que no estamos solos" (William Nicholson). / "No hay disfrute como la lectura" (Jane Austen). / "El que ama la lectura, tiene todo a su alcance" (William Godwin).
Una simple búsqueda nos devuelve miles de frases de este tipo. Frases pomposas, exageradas, arrogantes, snobs. Ejemplos infinitos. Básicamente: escritores ensalzando su producto, regodeándose, elevando a categoría divina lo que ellos hacen.
Y ahora, juguemos: “Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de conducir un coche, estoy predispuesto a pensar bien de él” (Henry Ford) / “Jugamos con la PlayStation para saber que no estamos solos" (Andrew House, CEO Sony Interactive Entertainment). / "El que ama las series de televisión, tiene todo a su alcance" (Reed Hastings, fundador de Netflix). No sé si me explico…
Para ver a personas admiradas por su talento o inteligencia expresarse de  manera tan imprecisa y poco racional, hay que buscar en comentarios similares sobre cuestiones como la religión, el amor o la política. Comparten una forma de abordarse desde el entusiasmo incondicional, la simplificación y la hipérbole tanto como una manera simple de convencer a los demás, como a nosotros mismos.
Que sí, leer está bien. Pero la vida es asombrosa aún sin libros. O, como me dijo una vez mi primo R. (parafraseo): “si no digo que leer no esté bien, pero follar está mejor, donde va a parar”.